martes, 26 de julio de 2011

Poemas de Karl Marx: Mi historia




Hace ya tiempo, tal vez en 1995, regresé a México, D.F. y al andar por Coyoacán me encontré con MOIEVA(Moisés Evaristo Orozco Leal). Anarquista y luchador social, trabajador en la delegación Iztacalco y lector de poesía y de buena literatura. Yo lo conocí en San Cristóbal de Las Casas y ahora lo volvía a ver después de un buen tiempo. Me dijo sonriendo y disfrutando de la vida y de la poesía que si me gustaría traducir y publicar a un poeta alemán, le pregunté de quién se trataba y él me contestó que eran poemas de Karl Marx. ¿Karl Marx escribió poemas? primera pregunta obligada para marxistas y no marxistas. Y sí escribió tres poemarios en el año de 1836 a la edad de 18 años y recién iniciado su noviazgo con Jenny Von Westphalen.
Acepté con gusto, sin saber mucho de la aventura que me esperaba. El otro personaje invitado para traducir los poemas era Francisco Jaymes, mexicoamericano, recién llegado al D.F. Moieva nos citó unas semanas después y nos dio fotocopias de los poemas de Marx que él tenía de un libro titulado: Marx-Engels. Early literary experiments. Publicado por Progress Publishers, Moscow, 1975. Y comenzamos la traducción, Jaymes traducía literalmente del inglés y yo hacía mi parte al corregir poéticamente lo traducido. Así fuimos terminando lentamente el trabajo que por medio de MOIEVA nos daba la poesía.
Fuero meses de lecturas y discuciones por parte de los tres hasta unificar criterios y dar por terminado poema por poema. Ahora el problema que se presentaba era de dónde obtener el dinero para pagar la publicación. MOIEVA pensó en hacer bonos y vender por adelantado el libro, y así lo hicimos. Los bonos los hicimos en el Angelito editores, editorial de Fausto Arrellín, y con el sello editorial de MOIEVA, Papeles con gatillo. Así terminamos de traducir los poemas de Marx y concluimos el poemario. Poemas que el papá de Marx no apoyó para su publicación y que nosotros estábamos dándo la primera versión en castellano.
Así con venta de bonos, préstamos de diferentes lugares, dinero de MOIEVA y de su compañera Zenaydita y la venta de mi casa en San Cristóbal de Las Casas, por fin juntamos para pagar la primera edición de Cantos para Jenny y otros poemas de Karl Marx, Editorial Papeles con gatillo y el Angelito editores, 1997. Mil ejemplares.
Como toda poesía extraña, rara o en este caso poemas de un autor que nadie sabía que escribió poemas pues pasó casi desapercibido, cuando ya teníamos los libros y solicité un espacio para presentarlo en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM me dijeron que no se podía presentar el libro porque se temía que hubiera una revuelta estudiantil por el poemario. Y en la SOGEM me dijeron que si no se presentaba el autor del libro no se podía presentar y así hicimos la primera y única presentación en un foro llamado La pirámide. Nada pasó entonces mas que unos ejemplares vendidos y después de mano en mano vender los otros ejemplares y dárle a algunas personas que compraron bono y así hasta que en Chiapas, en Tuxtla Gutiérrez terminé por regalar un 2 de octubre los últimos ejemplares que me quedaban. Los ejemplares que le quedaron a MOIEVA o los que tenía Jaymes nunca supe qué pasó con esos ejemplares del poemario. Me imagino que los terminaron vendiendo. Nunca recuperé nada de esa primera inversión. Destino de poeta o de poemario.
Como todo se mueve la poesía de Karl Marx también. En 1999 viajé a Barcelona. Ciudad en donde fui al museo de arte moderno y en donde vi una exposición titulada: Marx (sin ismos). Basada en el libro del mismo nombre de Francisco Fernández Buey.En esa exposición lo primero que leo es que Marx escribió poemas pero que se habían perdido. Y yo sabía que no sólo no se habían perdido sino que los tenía ahí mismo en esa primera edición que hicimos en México. Al día siguiente hice una cita con Miguel Riera, escritor y editor del Viejo Topo, de la revista Quimera y dueño de la editorial Montesinos. Y mi sorpresa al encontrarlo y al hablar con él fue tan grata como su sorpresa de que yo tenía ahí los poemas de Marx traducidos, todos, al castellano y una llamada a Francisco Fernández Buey para saber su opinión y si era posible que se publicaran bajo el sello del Viejo Topo y Fernández Buey aceptó y aceptó también a escribir un prológo.
Y así la segunda edición titulada: Poemas. Karl Marx, editorial El Viejo Topo, Barcelona, España, 2000. Salió con un tiraje de mil ejemplares. En este caso no hubo presentación ni lanzamiento pero llegaron algunos ejemplares a las librerías del FCE en México y creo se agotó la edición. En ese momento creo me dieron 500 pesetas o algo así por los derechos de edición, nada para hacerme rico o comprar un pasaje a Rusia o uno para regresar a México pero me sirvió para festejar la edición con un vino y una comida caliente. Y para seguir con la amistad de Miguel Riera y de Francisco Fernández Buey que siempre están ahí cuando ando por Barcelona con poemas bajo el brazo y solicitando trabajo.
Digo esto del pago porque MOIEVA en vez de agradecer que llevé los poemas a Barcelona, insinuó en algún momento que me había aprovechado de él y de Jaymes y había sido "gandalla" ganando dinero con los poemas de Karl Marx. Eso es un error y le perdono su falta de visión hacia mi trabajo y participación en los poemas de Marx. El poemario de Marx publicado en Barcelona tiene los créditos a MOIEVA y a Jaymes, en ningún momento me doy todo el crédito y lo mismo en cuestión de dinero, en ningún momento me "agandallé" con su trabajo ni gané los millones de pesos que se imaginaron. Pero en fin, MOIEVA, descansa en paz, Jaymes andará por esas calles de dios con sus propios poemas y yo sigo con los poemas de Karl Marx buscando nuevo editor.
La Tumbona editorial estuvo interesada en publicarlos, le dí fotocopias de los poemas en inglés y también la traducción y parece que no les gustó la traducción. Como tienen los poemas en inglés igual un día publican su versión de esos poemas. Ojalá den crédito a las ediciones anteriores.
En fin la historia de los poemas de Karl Marx creo que no termina aquí. Espero continue y encuentre nuevos lectores.
Al final todo lo creado alrededor del fuego del poema tiende a estar iluminado eternamente.

viernes, 10 de junio de 2011

La mafia literaria mexicana según Benedetti

El texto de Mario Benedetti sobre La mafia literaria mexicana es más vigente de lo que imaginamos. Con algunos detalles como: Benedetti creía que las nuevas generaciones de escritores en México se salvarían y serían críticos sobre la mafia, en eso se equivocó un poco. Los jóvenes escritores, la mayoría, no sólo no son críticos sino se han adherido a la mafia literaria mexicana como madre y educadora de sus escritos y de sus vidas. Los muralistas fueron a sí mismo una mafia. López Velarde sigue siendo el “gran poeta” y eso nubla la visión crítica. Y así otros detalles que hacen que el texto se vea superado por la realidad pero es bueno leerlo para continuar con la crítica y la autocrítica.



La mafia literaria mexicana




Mario Benedetti





Después del esnobismo crítico y el frívolo internacionalismo, impuesto durante largos años por la llamada mafia intelectual, los escritores mexicanos por fin se han puesto serios y han empezado a discutir sobre algunos temas tan importantes como la relación entre el escritor y la política, o nacionalismo y cultura mexicana. Con bastante atraso han empezado a llegarnos algunas instancias de esa polémica, y en las mismas es posible reconocer ciertas cicatrices que aquella frivolidad y aquel esnobismo dejaron en la vida cultural mexicana; cicatrices visibles aún ahora, cuando las circunstancias obligan a una reflexión más rigurosa y madura.
La verdad es que Tlatelolco (1968) y Corpus(1971) no sucedieron en vano. Por lo general, en cualquier rincón del mundo, las muertes del pueblo sirven, entre otras cosas, para congelar la risa superficial, el humor fácil, el cinismo irónico. Es evidente que en México ha pasado algo así, y ello representa un saldo positivo, sobre todo si se considera que la liviandad y el mariposeo de la “zona rosa” (barrio de la capital, dependiente en grado sumo de la moda y las manías internacionales) eran casi insultantes con respecto al México de analfabetismo y miseria, de discriminación y subdesarrollo, que apenas sobrevive junto al México poderosamente industrial y de copiosas inversiones norteamericanas.
La mafia mexicana fue –y todavía sigue siendo- una experiencia casi única en América Latina. Octavio Paz es su dios; Carlos Fuentes, su profeta. Entre sus miembros más conspícuos figuran el pintor José Luis Cuevas, y escritores tan talentosos como Carlos Monsivais, Juan García Ponce, Fernando Benítez, Tomás Segovia, Salvador Elizondo, José Emilio Pacheco, Marco Antonio Montes de Oca, y prácticamente la primera línea de laliteratura mexicana más publicada y publicitada. Tanto en sus diálogos (públicos y privados) como en sus textos, la mafia usó un lenguaje que tenía sus claves, y de alguna manera hacía cómplices a sus miembros, de una actitud que llevaba implícito un menosprecio hacia las masas populares y sus reacciones primitivas o despojados silencios. Por otra parte, la sede natural de estos escritores no era Puebla o Guanajuato, sino la equidistante París. La “zona rosa” es en rigor una nostalgia europea.
En la mayor parte de las obras de estos literatos comparecía un México en crisis, y eso llegaba a ser una virtud notoria en libros como La región más transparente y sobre todo en La muerte de Artemio Cruz (sin duda, lo mejor de Carlos Fuentes), pero cuando leímos por primera vez esos textos fundacionales de la mafia, alcanzamos a ver un rasgo que hoy aparece nítida y retroactivamente iluminado por todo un quehacer posterior: a aquella crisis mexicana no se le buscó una solución mexicana. La mafia arremetió, no con furia, sino con corrosiva burla, contra el hieratismo y la retórica de un nacionalismo post revolucionario que se había quedado en una hueca solemnidad. Pero en vez de propiciar, junto al descarte de ese populismo, de ese patrioterismo falso, su reemplazo por ahondamiento en las tradiciones más aleccionantes, propuso una solución contraria y extrema: la disolución en un internacionalismo vistoso y prometedor, que no sólo incluyera la ventaja de convertir a los escritores en los hierofantes y administradores de un deslumbramiento mayor, sino que también les asegurara fama, traducciones, premios, becas, viajes, promoción publicitaria. El célebre boom fue en realidad una prolongación internacional de la mafia; y no es casual que los mexicanos hayan sido sus más fervientes y eficaces promotores.
Crear una literatura internacional era poco menos que una motivación ideológica de la mafia, y fue así que la “zona rosa”, si bien no contagió sus tonalidades a las distintas capitales latinoamericanas, sí en cambio logró extenderlas a algunas ciudades europeas, especialmente París y Barcelona, donde un creciente grupo de literatos latinoamericanos construye, en internacional placidez, poemas calificados y novelas experimentales, sin prejuicio de opinar intermitentemente sobre la realidad política de estas pródigas tierras, de cotidiano riesgo.
Carlos Monsivais, una de las figuras más prestigiosas de la mafia, había reconocido, con la debida anticipación, que era tiempo “de deshacernos de ese nacionalismo de peso muerto, de darle vida a un sentido internacional de nuestra literatura (…); de olvidarnos un poco de nuestros manuales de historia y enterarnos ya de que el conflicto no consiste en oponer siempre un indígena de museo de antropología a una siempre hispánica afrenta a la madre, ni en buscarle mita y mita de motivaciones al mestizaje, sino en elaborar una cultura a la que deje de preocuparle de dónde viene y empiece a interesarle a dónde va”. ¿A dónde iba, pues?
El diario La Opinión, de Buenos Aires, ha reproducido en estos días las respuestas de Octavio Paz, Tomás Segovia y Carlos Fuentes, a una encuesta que organizara la revista Plural sobre el tema: “ El escritor y la política”. No hay, empero, en las tres respuestas, un total acuerdo, y éste ya es un primer síntoma de que algo está ocurriendo con la mafia. En tanto que Paz y Segovia se declaran decididamente partidarios de la marginalidad lisa y llana del escritor, Fuentes en cambio propone otra variante: la crítica permanente. Tal vez una marginalidad que no dice su nombre. Para entender cabalmente la postura de Fuentes, hay que conectarla con un extenso artículo publicado hace unos meses: “Opciones críticas en el verano de nuestro descontento” (Plural, No. 11, agosto 1972), donde sostiene que el “único apoyo que un escritor sabe que puede dar a su comunidad se llama crítica, crítica como razón, conocimiento y repertorio de opciones, crítica contra la irracionalidad, dogmatismo y obstrucción de caminos”. Sin embargo, hay en las tres posturas un rasgo común: su tendencia a medir la realidad mexicana con antecedentes extranjeros. Para estos tres miembros destacados de la mafia, tienen evidentemente mayor peso, en el trance de juzgar el presente de su país, la invasión soviética a Checoslovaquia, y el estalinismo en general, que la matanza de Tlatelolco. (Aclaro que no me olvido de la Posdata de Paz no de algún artículo de Fuentes; simplemente me refiero a los textos de la encuesta.)
En esta nueva era de la autoindagación mexicana, Paz, Fuentes y Segovia están a tal punto preocupados por el estalinismo (una preocupación que de a ratos asume caracteres de deslumbramiento pesadillesco), que uno no puede menos que pensar si esa obsesión no será, después de todo, una nueva muestra de la alienación que siempre padeció la mafia frente al extranjero. No olvidar que el estalinismo también es europeo. Encandilados por lo que juzgaban positivo en la cultura europea, también padecen el mismo deslumbramiento frente a lo negativo. Sólo así puede comprenderse que se mencione el estalinismo con una suerte de pánico visceral, sin que por cierto ese mismo pánico los asalte (al menos, con igual intensidad) cuando deben enfrentar un peligro que en estas latitudes parece más cercano y más temible: el imperialismo norteamericano.
Ya que Paz y Segovia postulan la marginalidad del escritor frente al fenómeno político, cabe señalar que aquel incurable terror ante el estalinismo quizá sea también una forma de automarginarse, ya que significa buscar desesperadamente una culpa lejana y externa para fabricar con ella un abrumador alerta. Por lo menos parece algo desproporcionado para un medio como el latinoamericano, que si bien no ha sufrido hasta ahora (con la excepción de algún ruedo partidista, en tiempos que no son precisamente los actuales) los rigores del estalinismo, sí padece en cambio, ya no a nivel de partido, sino de continente, la presión y el pillaje del imperialismo.
“Como escritor”, dice Paz, “mi deber es preservar mi marginalidad frente al estado, los partidos, las ideologías y la sociedad misma”. Segovia, por su parte interroga: “¿Quiere decir que toda actitud de un escritor debe ser indiscriminadamente negativa? No, quiere decir que debe ser desde fuera.” Ahora bien, ¿por qué el escritor y no el empleado bancario o el obrero? Si otros gremios decidieran por su cuenta (pensamos que no hay razón para que los escritores tengan ese derecho en exclusividad) marginarse de la sociedad; si otros gremios decidieran mirarlo todo desde fuera, ¿quiénes, según ese planteo, estarían obligados a permanecer dentro del área social a fin de llevar adelante la lucha de clases? ¿O acaso los escritores abolirían la lucha de clases? La pretensión de marginalidad para el escritor es tan absurda como injusta. Pero quizá provenga de un pesimismo fundamental. Segovia llega a definir al pueblo como “el que no tiene el poder”, y, por si nos quedaran dudas acerca de su falta de confianza histórica, agrega luego: “No gobernar es para el pueblo un derecho”. ¡Aviados estaríamos si, por estas latitudes, padeciéramos tales inhibiciones! Justamente creemos (y ése es el sentido y el acicate de nuestra lucha) que el pueblo debe adquirir, y luego defender, su derecho a gobernar. Es curioso, además, que con semejante derrotismo, Segovia se autopostule como escritor de izquierda. Por un lado empareja las acepciones de pueblo y escritor, pero por otro dice que la esencia del pueblo es negativa, y que el pueblo sólo es “objeto del poder y de la política”. Hay que pensar entonces que su presunta ideología es un izquierdismo con vocación de derrota. O sea un izquierdismo sin razón de ser.
Nosotros por el contrario creemos que la esencia del pueblo es claramente positiva, y que el pueblo debe llegar a ser sujeto del poder y de la política. ¿Qué otra cosa es, después de todo, la dictadura del proletariado? ¿También en esa eventualidad el escritor se automarginaría y vería el acontecer político desde afuera? Ojalá que ese absurdo no se propague en ningún país de América Latina. Ni tampoco en México, por supuesto, donde ya hay síntomas de que la mafia está empezando a ser sobrepasada por el proceso político. Quizá la mafia quede fuera; pero a esta altura ello no significa obligatoriamente que los escritores jóvenes (y algunos no tan jóvenes) acepten para sí mismos aquella propuesta de marginalidad.
Tal vez ocurra algo similar con el nacionalismo. Es admisible que los miembros de la mafia hayan reaccionado en su momento (siguiendo en ello la actitud antinacionalista del grupo Contemporáneos) contra el patrioterismo populista y estéril que siguió al legítimo nacionalismo revolucionario de pintores como Orozco, Rivera y Sequeiros; novelistas como zuela y Guzmán; poetas como López Velarde; ensayistas como Vasconcelos. Pero el hecho de que la retórica oficialista y su contexto hipócrita hayan desvirtuado aquella búsqueda de una auténtica cultura popular, no justifica que los miembros de la mafia entronquen, así sea inconscientemente, con el europeísmo porfiriano de tan abyecta memoria. Como bien señala Abelardo Villegas en un artículo también reciente (“El Ateneo y la mafia, dos formas de cultura mexicana”, en Revista de la Universidad de México, vol.XXVI, No. 10, junio 1972) pero ya demostrativo de una nueva actitud frente al tema, ese europeísmo “no constituía ciertamente nuestro ingreso al universalismo o internacionalismo cultural, era más bien el trasunto cultural de la entrega nacional a las grandes potencias europeas y a los Estados Unidos”. Frente a esa situación, agrega Villegas, “el nacionalismo de la cultura revolucionaria constituyó un acto de sinceridad, de reconocimiento de nuestra situación real para revalorarla en unos casos y para superarla en otros. Sin embargo, también es necesario aclarar que los mejores representantes de ese nacionalismo no se constituyeron en buscadores del color local, sino que trataron sinceramente de insertar la cultura mexicana en la cultura universal.” ¿Qué otra cosa hizo Juan Rulfo en los años cincuenta? ¿Qué otra cosa hizo en la siguiente década el propio Fuentes, con La muerte de Artemio Cruz? ¿O un novelista como Sergio Galindo en El bordo y La comparsa? ¿O poetas como el Jaime Sabines de Tarumba, o el Efraín Huerta de El Tajín?
Por otra parte, y Villegas lo señala sin tapujos, durante una década y más, los integrantes de la mafia criticaron verbalmente los sucesivos gobiernos del PRI, pero sin embargo, toda la vida cultural mexicana (mafia incluida) vivió de las generosas prebendas del estado. Y aquí no se trata de la situación que impera en los países socialistas, donde la actividad cultural, como toda actividad, depende del Estado. En México, la empresa privada tiene un incremento cada vez mayor, y, en medio, de ampulosas invocaciones a la revolución de Madero, el sistema capitalista consolida diariamente su ley y su trampa. Como señala Villegas, “algunos miembros de la nueva cultura han criticado mucho la antigua alianza entre el Estado y los hombres de cultura de la revolución, pero cuando el mismo Estado les ha ofrecido a ellos su patrocinio no lo han rechazado, alegando que no hay contradicción entre su afán de autonomía y la consagración y seguridad económica que ofrece tal patrocinio. En México, el estado crea premios de ciencia, de artes, de literatura; dispone del organismo de más alta consagración cultural, el Colegio Nacional; hace cultura a través del Instituto Nacional de Bellas Artes, del Seguro Social, de diversas oficinas de la secretaría de Relaciones Exteriores; patrocina abierta o subrepticiamente una serie de publicaciones; y está en la posibilidad de ofrecer puestos burocráticos paraculturales a intelectuales o artistas que no encuentran en su oficio suficientes medios para subsistir o que quieren aumentar tales medios. En una palabra, el centralismo mexicano también obra en el sistema de las instancias de legitimación cultural”.
De todos modos, parece muy saludable que estos temas comiencen a agitarse en el ambiente cultural mexicano. Y sobre todo que se agite sin los tics de frivolidad, sin la obligación de ingenio fácil, sin el lenguaje esotérico, que en los últimos diez años habían caracterizado la vida intelectual mexicana. En términos ya no literarios, sino humanos, todo es recuperable, y no hay por qué descartar que la mafia aprenda algún día su lección de humildad. Pero sobre todo no hay que descartar que esa experiencia detonante, espectacular, fragorosa, sirva como incanjeable lección a los jóvenes intelectuales y artistas mexicanos, y los acerque definitivamente a los más auténtico y más válido de la literatura mexicana actual. Me refiero a Juan Rulfo, autor de dos libros excepcionales (El llano en llamas y Pedro Páramo), haya continuado esa faena impar. Pero ¿a nadie se le ha ocurrido pensar que el gran mariachi armado por la mafia puede haber sido factor de inhibición para el mejor narrador de América Latina? A esta altura, y aunque las condiciones cambien, ya parece difícil que el creador de Comala retome su mundo prodigiosa e inevitablemente mexicano. Tengo confianza, sin embargo, en que el tan aguardado “tercer Rulfo” sea en definitiva escrito por los jóvenes que no sólo pasaron por Comala, sino también por Tlatelolco.

(1972)

miércoles, 13 de abril de 2011

Texto de Adán Echeverría: Las cobardes marchas mexicanas

Si toda la humanidad, menos una persona, fuera de una misma opinión,
y esta persona fuera de opinión contraria, la humanidad sería tan injusta impidiendo que hablase,
como ella misma lo sería si teniendo poder bastante impidiera que hablara la humanidad.


John Stuart Mill

¿Qué es lo que queremos como sociedad? ¿Hacia dónde hemos de conducirnos? ¿Acaso todos juntos queremos marchar sobre una misma senda? Notorio es que estas preguntas jamás podrá responderse desde un gremio tal.
No es la sociedad lo importante en toda lucha. No lo es, y me lo repetiré hasta el cansancio. Me convenceré de ello y se lo gritaré al espejo, todos los días con sus noches. Jamás el ser humano podrá ponerse de acuerdo con el otro.
Podrán hacer pactos, intentar caminar juntos, pero, la historia no me dejará mentir, hasta aquellos que estaban siempre a tu lado, al dejarles el poder, sacan a la luz que bueno, el tío estaba un poco chocho ya, no tenemos que aplicar todo como él lo hacía. Lo que significa, que ni tu más ferviente admirador, tu más entrañable amigo tiene que tener las mismas ideas, los mismo objetivos.
Cada cabeza es un mundo, dicen por ahí, y estos millones de mundos que parasitamos la Tierra, trazaremos la ruta, mil y mil veces más, y jamás llegaremos a destino. Porque, ¿cuál diablos es el destino? Se habla de la Búsqueda de la Felicidad, como un derecho inalienable del ser humano. Pero mi felicidad seguro que no es la misma que la de Felipe Calderón, ni de Andrés Manuel, ni del Peña Nieto, ni siquiera la de Ebrad. No es la misma búsqueda que la de Leonel Messi, ni la misma de Lady Gaga, y seguro estoy que no es la misma de Elton John, ni la misma de Genaro García Luna, ni la de Ciro Gómez Leyva.
Para todo ello, estamos involucrados todos, en unos y otros Contratos Sociales, a veces sin querer, a veces a regaña dientes, pero ahí estamos, bajo un mundo de leyes que otros dispusieron, y hay de dos sopas: o juegas limpio o juegas sucio, porque no existe –manque digan lo contrario- no existe el Yo no quiero jugar.
¿Qué es jugar limpio? Es cometer el menor número de actos de corrupción (no cometerlos es una utopía, no jodan). ¿Qué es jugar sucio? Jugar sucio es cargar los dados a tu favor. ¿Quién carga los dados a su favor? Aquel que puede o tiene el poder. Aquel que lo desea. El peso de los dados lo establece el pesaje del oro, el pesaje de la plata, ese que conforma el imaginario que da valor a una moneda establecida por el Estado. Esas reservas de oro (dorado oro o el preciado oro negro) que permiten la existencia digamos de un Banco de México, encargado de la generación de monedas y billetes con efigies celebratorias, indicativas de algún valor para inbuirse en el mercado.
Trabajar, cobrar, pagar, obtener. Ese imaginario es el que todos jugamos. El que no paga impuestos juega también, porque ahí está el dinero (que intenta no depositar a la Secretaría de Hacienda), en cada compra que hace, en cada pago de colegiatura, pago de casa, pago de entrada al cine, pago del motel, aún en la piratería, el dinero sucio, es lavado a sorbitos, un trapito hoy, dos trapos mañana. Todos seguimos involucrados. Y esa es la gran metáfora.
Luego entonces toda protesta “pacifista” no tiene lugar. Es un absurdo. No cambia nada. ¿De dónde sacan el dinero de las camisas, de las banderas, de las pancartas, del plumón para redactar la pancarta? Bueno, habría de ver también dónde se compraron esos plumones, esas cartulinas, esas mantas. Ve a comprarte trescientas cartulinas y unos cincuenta plumones porque nos vamos a la marcha, que te den factura. Que cada quien lleve una veladora, que cada quien lleve un poema dentro de una botella. Ese altavoz no parará, quién pone el equipo de sonido. La gente no va desnuda y escribiendo con su sangre. No asiste a las marchas escribiendo con sus orinas, ni sus lágrimas ni sus excrementos. Lo único suyo, a saber, lo único que en verdad les pertenece. No. Tiene que comprar, tiene que adquirir hasta el material para la revuelta, para la protesta. Has patria, mata un diputado (hey, cuidado, yo no tengo armas). Sería muy innecesario, pero ¿cuánto le deja al país, en dineros, tanta marcha pacífica en México?
Han sido 20 estados de la república mexicana. Yo ya tengo mi camisa de: Yo sobreviví al sexenio de Calderón Las estoy preparando para venderlas el día después de las elecciones de 2012.
Es triste mirar y mirar a los que marchan. 10 mil personas por acá, 500 personas más ahí. 30 personas los más tímidos. Yo no salí a marchar. ¿No salir a marchar me hace menos compasivo, menos preocupado por la situación del país? ¿No poner en mi perfil mi logo de No Más Sangre me hace alguien que no tiene conciencia cívica, ni patrotismo? El patriotismo murió cagando, dicen por ahí.
Yo les digo, que no deberían quedarse solamente con las palabras ¡Estamos hasta la madre! (qué encabronado estaba Sicilia, hasta mienta madres y es poeta). Qué lectura queremos hacer. No me importan los estamos hasta la madre, me importa el eso es todo, marchemos y ya, prendamos veladores y listo, insultemos a los políticos Yo les grito Basta. Reflexionen: ¡Estamos hasta la madre! ¿Quiénes? ¿Quiénes estamos hasta la madre? ¿Todos los mexicanos? ¿Toda la sociedad? Yo les aseguro que no. Los partidócratas no lo están, a ellos les valió totalmente madre que marchan personas en 20 estados de la república. No les importa a los militantes partidistas del partido en el poder, y a los militantes partidistas que sí les importa, son los de la oposición, enseguida se suben al toro. Todo vuelve a convertirse en una lucha entre un partido y otro. Entre todos los partidos y el que está en el poder. Y si no fuera así, (yo creo en los seres pensantes y apartidistas) entonces la prensa se encargará de que lo parezca.
Muchos ciudadanos incluso están hasta la madre de las marchas. Muchos están hasta la madre de que anden haciendo sus performancitos ridículos, y tirándose al suelo con sus pañuelitos manchados en tinta roja. ¿Hasta ahí llega mi artisteada?
¿De qué otra cosa podríamos hablar? fue la exposición de Teresa Margolles en la Bienal de Arte de Venecia, ahí se demuestra el valor. Un joven es invitado a Los Pinos, y luego de recibir el Premio Nacional a la Juventud, le grita a Calderón: ¡Espurio!, ahí hubo valor. Una madre increpa a Felipe Calderón: Si hubieran matado a sus hijos, entonces seguro movería cielo y tierra para encontrar a los culpables. Ahí hubo valor.
Las marchas en México tienen un gran dejo de cobardía en este país. No se marcha para ir hasta un lugar en especial con un objetivo en particular. Y no se marcha así, porque seguimos prendidos a la teta de nuestra madre, la televisión abierta. Entonces mamá teve nos acusará con nuestros hermanos mexicanos de ser unos vándalos, de ser unos buscapleitos, de ser unos ignorantes: Atenco, APPO, Barzón, y el sin fin de etcéteras.
En 1994 el comunicado que salió de la Selva Lacandona decía algo como esto: Marcharemos hacia la ciudad de México a quitar al presidente de la república, el que se nos una será bienvenido, el que no se nos una, de ganar la guerra, será considerado traidor a la patria. Y eso mis señores, es tener valor.
Todos tenemos la libertad de expresarnos como se nos venga en gana. La cuestión es que: ¡A quién diablos le importa! Mientras cada uno de nosotros no se convenza de que no le importamos a la Partidocracia. De que solamente somos considerados Carne de Votación, mientras no entendamos que con nuestro voto o si nuestro voto, la partidocracia seguirá su juego electoral (el Teatro de la Democracia Mexicana), de entrega de poder entre ellos mismos, haciendo leyes y normas que los beneficien a ellos mismos, soltando de cuando en cuando, algo para el pueblo, migajas electorales.
Mientras no coincidamos con nosotros mismos, de antemano, en que no somos más que quienes les brindamos (vía el vivir en México) el dinero para sus gastos diarios (vía impuestos, tarifas, retenciones y demás), nunca podremos gritar verdaderamente un: ¡Estamos hasta la madre!
Nuestra madre está muy desvalorada. La chingamos y chingamos que da gusto. No nos importa ni a nosotros por más virgencitas morenas, por mas mamacitas que nos gusten, por más día de la madre que festejemos.
¡Estamos hasta la madre! Por qué los plurales mis señores. Yo estoy hasta la madre de las marchas sin sentido. Toda marcha debería ir e incendiar San Lázaro. Se les debería retener ahí adentro hasta que nos pidan perdón los hijos de la chingada (de nuevo la desvalorada madre mexicana). Deberían, como turba encabronada, atrapar a Genaro García Luna y quemarlo en el Zócalo de la Ciudad de México. Y entonces me dirán, tomándome de la cabeza: respira Adán, respira, no convoques a la violencia. El diálogo pata tín, el diálogo pata tán. Y toda la sarta de idioteces de siempre, de los políticamente correcto, esa mordaza de la modernidad.
No me inviten a sus marchas. Sigan divirtiéndose con sus poemas, y luego pregunten: ¿dónde será el after? Sigan recordando: yo conocí a mi esposo en el plantón de Reforma, juntos vimos que teníamos los mismos ideales. Yo daba talleres de guiñol, mientras él sacaba firmas para proteger a las ardillas que viven en el jardín de Viveros. Para eso dan las marchas en México, es otro ritual de los que buscan dónde saciar su fe de amistad, ya que no van a la iglesia (ese opio de la humanidad). Soy rojo muy rojo, pero claro que me casaré por la iglesia o en una misa maya, como Paulina. Soy rojo súper rojo, pero siempre en busca de la paz. Este es un movimiento pacífico dice hasta el cansancio Andrés Manuel, claro, por eso jamás consigue nada. ¿Y por eso le daré mi voto?
Al contrario, hace tiempo ya que decidí dejar de ser rehén de los políticos, demasiado tengo ya con vivir en México. Por eso no votaré. Haz tu propio análisis y ojalá llegues al mismo objetivo que yo, y puedas decirme, ah mira, Yo tampoco votaré.
Todos tenemos nuestras maneras, yo respeto sus marchas, ustedes respeten mi texto. No me inviten a sus marchas si no hay un objetivo claro de por medio. ¡Estamos hasta la madre! 20 estados de la república marchando, y Genaro García Luna anuncia siete años más de guerra en México. Felipe Calderón anuncia el Acuerdo México, para toda Centroamérica, los países se unen al mismo sistema mexicano de erradicar el narcotráfico, llevando a cabo la misma estrategia mexicana.
Estimados hermanos centroamericanos, cuiden a sus familias, llevamos 35 mil muertes en México, mas de cinco mil niños muertos; eso es más o menos lo que les espera, eso es más o menos lo que sus representantes, sus gobernantes vinieron a firmar. El permiso para que los EEUU meta las manos por el culo y hasta los intestinos en su política nacional. ¡Felicidades!
Ojalá que la lucha social que comenzó con estas marchas en 20 estados de la república mexicana, empuje al ejército de regreso a sus cuarteles, y pida la renuncia inmediata de Genaro García Luna. De no ser así, disfrutemos los performances, los nuevos poemas, la fotografía documental, y las capacidades de nuestros creadores. Será lo único rescatable, acaso.

domingo, 27 de marzo de 2011

Por una Poesía Evolucionaria




Digamos que estaba descuidado cuando la poesía entró en mi vida, y ya en el oficio de vivir, continúo poetizando. “Sobrevivir nos cuesta toda la vida” me dijo el poema, y entonces agarré libros y libros y libros y me puse a leer como condenado a muerte. Leía todo lo que caía en mis manos y lo sigo haciendo, pero el peligro de leer es que aprendes a leer bien y entonces ya no crees todo lo que te ponen a leer. Así llegué a la SOGEM, aprendí y dejé de creer en la SOGEM; después fui becario del Centro Chiapaneco de Escritores. Creo en ellos todavía. El Centro ya desapareció pero seguimos con las lecturas. De Chiapas vine a vivir al D.F., ciudad en donde nací y en donde estoy naciendo aún. Al salir de Chiapas pensé en la fraternidad de los poetas, ¡oh, ilusión, inocencia del viajero! Llegué y tuve los primeros topes contra la pared invisible o contra la región más transparente del aire. Golpes que no se dieron a esperar y ahí estaba yo con mi chipote en la frente de la imaginación.

Nada era como yo pensaba: primero se dividieron los poetas ¬-los institucionales y los otros- los primeros no escuchaban, ni veían, ni hablaban con los otros (método de Paz, o tal vez desde los Contemporáneos). El método del ninguneo en pleno y de plano.
Por lo consiguiente, los no vistos, ni escuchados, ni vividos y mucho menos publicados tampoco quieren saber de los institucionales. Al final vivimos un ambiente poético en donde nadie sabe de nadie, aparentemente.

Así conocí a varios poetas burócratas, comencé a fraternizar con los niveles del infierno poético mexicano. Supe de estos burócratas que se dicen poetas y que obstruyen a otros que parece son más poetas que ellos. Pero ellos, al servir a su causa dentro de una institución, no quieren o no permiten que otros disfruten de las mieles de la institución u organismo cultural. De éstos existen muchos más de lo que creemos, ya sea en Conaculta, universidades, Coneculta, Inba o institutos de cultura de cualquier gobierno estatal. Estos escritores o poetas funcionarios son muy extraños: creen merecer el parnaso mexicano con todo y águila y nopal y hasta el Palacio de Bellas Artes. El ego habla más que sus obras. Y cuando los vas a ver, aunque sean funcionarios, no quieren dar nada ni que les pidas nada. Y siempre actúan como si te estuvieran haciendo un favor. Aún siendo burócratas, si se les recuerda que son burócratas, te dejan de hablar y cierran la puerta de sus oficinas. Como si fueran realmente sus oficinas. Increíble espejismo que se forman. En fin, de éstos conozco muchos y mejor olvidarlos. Por sus obras los desconoceréis.

Los otros poetas son los premiados, entrevistados, publicados; los poetas que siempre caen parados pero cuya poesía es dudosa al regodearse en la docilidad del arte por el arte. Poetas que hacen de sus obras y del grupo de amigos “casa de los espejos”. Y no significa que el poeta tenga que ser revolucionario, no, sólo se trata de un poco de ética humana, de lo más básico para creerles y leerlos con más ganas, pero esto no pasa. Estos poetas viven con la Diosa blanca, o son místicos de universidades o son becarios eternos o jóvenes de toda la vida y crean fundaciones dudosas de donde sale toda la “poética nacional” y más que cosmopolitas suenan a “pueblo poetero”. Estos poetas no dan paso sin huarache y son reinas y reyes de todas las primaveras y carnavales del país y fuera del país. Son poetas que se preocupan más por su fama y su pose que por su estética e ideas. Y nunca de los nunca quieren ser interrogados sobre sus nexos o palabras libres con el presupuesto o el poder.

Los poetas de talleres, de encuentros y de ferias de libros, son especialmente chistosos: se la pasan en cada rincón de cualquier pueblo con tal de leer sus obras completas que se autoeditan, se autopremian, automencionan, se autoelogian, se autocomplacen, se autoreseñan. Poetas que buscan la foto en cada esquina junto a un poeta “reconocido” y que por lo tanto creen que ellos serán así mismo reconocidos y aplaudidos y llenos de decoro y bien portados y se felicitan en cada salón de presentaciones y en los bailes de los encuentros de poetas y no se preocupan tampoco por la poesía, sólo les interesa su poesía y las reseñas de sus poemas y así hasta que mueren olvidados por su propio grupo, si no tienen la mala fortuna de que algún vivo instaure un premio con su nombre en su pueblo o colonia o delegación o casa de cultura. En fin que estos eventos son deplorables. Y llegan a caer en el ridículo y en lo patético.

El engaño y autoengaño es de lo más común y necesario para pasar por todos estos círculos. Si no hay engaño no hay venta, si no hay venta no hay poesía. Pero primero es creérselo aunque después no escuchen nada ni a nadie. Vírgenes viciosas nuestros pueblos.

Para comenzar a concluir, vienen las vacas sagradas de la Academia Mexicana de la Lengua, los becarios del Sistema Nacional de Creadores y demás eméritos que dicen decir que dicen ser conocidos, que dicen ser leídos y “muestran al pueblo su cultura”, que en este caso sí es su cultura. La realidad es que a nadie le hacen daño pero tampoco a nadie le hacen bien. Pasan como todo en este pueblo de solos: con mínimos aplausos que ellos creen universales. El engaño otra vez. Parece que el poeta trabaja más con el engaño y autoengaño que con palabras.

Y luego están los poetas extranjeros que vienen a decirnos cómo se le hace para ser poeta extranjero y vivir como en casa. Yo mismo me asumo como extranjero en mi país, todos somos extranjeros. Pero unos abusan de este título de extranjería.

Así, cuando llegué de Chiapas, fui, miré y salí corriendo de cada uno de esos grupos. Puedo decir con cierto orgullo que los conozco a casi todos, desde lo más subterráneo y outsider hasta los más encumbrados poetas de esta ciudad de México. Terrible y gustosa experiencia. Nada recomendable. Por eso, el hacer listas en donde defendamos a unos y ataquemos a otros, creo es inexacto, pues “todos tenemos cola que nos pisen”, como dirían en la calle.

Creo que tenemos varios problemas que resolver si queremos ver a la poesía mexicana de distinta forma y liberada de toda burocracia. Creo que en estos momentos la poesía mexicana, como muchos rubros del arte, está secuestrada, principalmente por dóciles poetas, una burocracia feroz y el miedo a decir o a opinar aún equivocadamente. Tal vez ellos, los poetas oficiales, en su ingenuidad, no se dan cuenta de lo que están haciendo mal.

Quiero ser inocente y entonces alertarlos y decirles que se están equivocando. Uno de los síntomas de que se equivocan es que la poesía mexicana hace muchos años no da nada bueno a la poesía mundial. Ningún poeta mexicano influye de manera estética a ningún otro poeta de otras latitudes. Me imagino que se debe a que estamos más preocupados por quién nos mantiene que por crear una voz propia y verdaderamente poética.
El miedo, como ya mencioné, es otro enemigo de la poesía en México: miedo a perder el premio, la beca, el apoyo, los viajes, la publicación y los encuentros; miedo a todo menos al poema, verdadera misión para el poeta.

Para construir una Poesía Evolucionaria habría que:

Quitar de en medio todos los premios de poesía. Es más: prohibirlos. No permitir que se premie a los poetas, ni premiar a la poesía. Es absurdo premiar algo como la poesía, ya que la calidad de una propuesta poética –cuando la hay– no puede justificarse con el monto de un premio. Quitar del panorama, del mapa, a los premios y premiados. El premio detiene el motor creativo. A estas alturas los premios no sirven de nada a la poesía. Sólo sirven a la cuenta del poeta.

Acabar con los encuentros de poetas. Son ridículos y sólo sirven como pasarela de egos donde nadie se escucha y todos aplauden en automático. Son patéticos, verdaderos clubes del recuerdo. En todo caso, sólo sirven a los interesados y sus intereses.

Quitar de una vez y para siempre becas y estímulos a los creadores. Es innegable que a lo largo de la vida de estos incentivos, no han servido de nada, más que para hacer engordar a escritores y escritoras.

La otra solución, menos drástica, es que todos gocen de estas ayudas del gobierno. Que todo sea realmente rotativo. Que los grupúsculos literarios que ofrecen, califican y dan las becas y estímulos sean diferentes cada seis meses o cada año; que a veces les toque a los H. y a veces a los L. y otras veces a los P. y así hasta que se acabe el abecedario y todos quedemos contentos y gordos. Que todo nos toque a todos. Incluyendo, sin diferencias racistas, a escritores indígenas.

Por todo lo anterior, resulta que el problema de que uno aprenda a leer, a veces tan bien, es que uno termina por ya no creerles a los que se dicen escritores o poetas mexicanos. El aprender a leer nos lleva a buscar más, cada vez más, como poseídos, como endemoniados. Y este acto de lectura libre es en detrimento de los propios poetas que nos dicen que tenemos que leer.

Cuando leemos volteamos, regularmente a otras partes con mayor cantidad de aire y de ideas. Con mayor y mejor poesía. Quiero y necesito desde hace tiempo gozar de una poesía libre de políticos-escritores-burócratas del país. Esto tampoco significa que esté completamente de acuerdo con todo lo alternativo o lo rebelde. También existen grandes fallas en estos grupos, la más grave, es no leer o leer a conveniencia.

En fin que esto está tremendo para cambiarlo. Parece una carta a algún dios muy milagroso, un dios de lo imposible.

Mi experiencia propia es haber platicado con muchos de los escritores y poetas reconocidos y descubrir que su palabra está muy alejada de su corazón y ambos de sus ideas. Que no eran esos escritores que yo veía y sentía de una forma tontamente romántica. Porque no esperaba yo que los poetas fueran santos, pero tampoco pensé que fueran tan tontos. En fin, mi aprendizaje indica que no les puedo creer, casi ya a ninguno o ninguna de las poetas o escritores que en los medios públicos o en los institutos de cultura me dicen que son los representantes de los poetas en México.
Los seguiré leyendo porque me gusta leer y leo hasta a mis enemigos, a diferencia de muchos que no leen ni a sus amigos. Y espero hacer todo lo posible con mis poemas para cambiar esto y liberar a la poesía mexicana de sus mafiosos captores así como seguir con este proyecto personal e individual, porque nunca me interesó formar parte de ningún grupo, decisión que, me imagino, perjudica mi posibilidad de obtener alguna beca (jejeje).
Espero que esta propuesta se vaya tornando más seria y adquiera mayor fundamento, no sólo al proponer, sino al darle seguimiento a las bases para descubrir una Poesía Evolucionaria.

Sin más por el momento, recibe un abrazo fraterno y espero seguir platicando contigo, porque creo que la palabra al final de los tiempos terminará liberando al poema.
Gracias.

¡Poesía!

Marco Fonz
Marzo, 2011

domingo, 20 de febrero de 2011

Cuando el poeta encuentra a sus poetas









Cuando el poeta encuentra a sus poetas: felicidad. No existe nada más que buscar porque todo se encuentra en un orden y el caos desaparece. Lo que tenía valor máximo en otros tiempos queda en un estado mínimo de importancia y nueva luz se acomoda en los brazos del corazón del hombre. Todo se calma, todo se detiene, existe la respiración y la paz en cada segundo. La tempestad deja restos del barco destruido, en este caso la tempestad pasada dejó al poeta entero y sólo se limpió los ojos para darse cuenta de que existe y es feliz. Algo se perdió en el pasado, algo que no se extraña.
La fuerza se vive más si no se vive en las repeticiones, hay que saber cuándo dejar de repetir las mismas cosas, los mismos sitios, los mismos nombres, hay que aprender a decir nuevas cosas y dejar el repetir en su vuelta tras vuelta tras vuelta. Ocupar nueva lengua.
Nada qué extrañar, la poesía conserva su rumbo, el poeta conserva su misión y junto con nuevas sonrisas y abrazos el poeta muerde al futuro pero ya no sangra.
Ahora es luz lo que florece en sus pestañas.
Nada importa mas que el poema en las personas, todo se vive, todo se respira, todo se está escribiendo. Afortunadamente. Cuando el poeta encuentra a sus poetas.

jueves, 3 de febrero de 2011

Los tiempos están cambiando

No sé si para los poetas cambian los tiempos, parece que no. Parece que las voces levantadas una mañana hace mucho siguen en un éxodo que no encuentra ni tierra ni descanso, ni paz ni cielo. Los poetas, extraños animales en la tierra, los visionarios y locos, los magos y místicos, los poetas bajitos, los que vienen a cantar cosas de poca importancia. Que los vemos arrastrar su sombra o llevarla como bandera incendiada, los poetas que viven en su espacio personal, en su cosmos particular. Los que hacen de ese yo, un Yo de multitud.
Inevitablemente se vive como poeta cuando se nace poeta, no existe otra forma. Se es lo que se es y se hace lo que se es. No hay más oficio que el de poeta, mortal como todos pero celestial en la forma de llevar sus alimentos.
Los tiempos y la sociedad siguen regañando al poeta, lo ignora cuando le va bien lo escucha cuando le va mal pero casi siempre es una sociedad, materia subjetiva, que ignora al poeta.
Y qué puede hacer el poeta, pues gritar, patalear, seguir escribiendo poesía, cultivar flores de ceniza. Hacer de su vida un papalote, llevar consigo el costal de huesos, su costal de sueños y varios niños en el costal por si da hambre en el camino.
El poeta no puede, aunque quiera bajar la guardia, no debe dormir, tiene que estar atento a los impulsos de su fiebre.
Ay, el poeta, lo vi llegar con su carga pesada de aire. Lo vi mover al mundo, lo escuche separar en dos al mar y lo vi alimentarse a sí mismo como a su propia bestia.
Nadie más lo vio sólo lo vi yo. Y por eso nadie me cree que ahí está indicando el camino al que nadie quiere ir. Todos dan vueltas y vueltas. Curioso verlo y ser testigo.
Yo sigo al poeta. No sé a dónde me lleve pero sé que me llevará lejos y rápido.
Así podré respirar por fin. La luz es la locura del cielo. Sigo a la luz.
El poeta lo vi vestido de mundo, lo vi azotado por el mundo, lo espero cuando se atrasa. Mis poetas no necesitan a nadie por eso necesitan a todos. ¡Vaya con el pan que comen!
Es pan seco, amargo, desértico. Yo lo leo, al poema, lo leo como ley divina, escrita con fuego sagrado, lo veo en la oscuridad de mi cuarto, lo leo en la oscuridad de mis ojos y lo escribo en la oscuridad de la hoja en blanco. Vaya con el poeta, ¿nadie entiende? animal raro es la razón. No encuentro domadores para tal fiera. Animal puro es la imaginación, me enseña.
Los poetas, los veré largo tiempo dentro y fuera de este tiempo eterno que en algún sitio les dijo: "Heredarán la angustia como alimento." Y aquí, sentado frente al mar de almas, mastico un gran bocado. Mastico. Trago.

lunes, 29 de noviembre de 2010

La Carta del Depredador

Casi lista La Carta del Depredador para los poetas de la Retaguardia.